¿Quién se encarga de mi?

¿Quién se encarga de mi?

Desde que nací he recibido todo tipo de atenciones y cuidados hacia mi organismo y hacia mi persona. Muchos de ellos han sido indispensables para mi supervivencia, otros me han hecho muy feliz o me han dado placer y otros han resultado ineficaces o no llegaron de la manera en que los necesitaba; entonces sufrí y me quejé lo más que pude.

Fui aprendiendo a pedir, a exigir y a lamentarme cuando no recibía lo que yo quería. Desarrollé mi capacidad de manipulación y conseguí que el mundo me brindara lo necesario y que muchas veces me salvara de tener que procurármelo por mis medios.
Acumulé frases: «Lo que merezco…», «Tu tienes que darme…», «Qué injusta es la vida…» y muchas más.
Me acostumbré a recibir ayuda de los demás y a frustrarme cuando esto no ocurría.

De pronto me fui dando cuenta de que el mundo me daba cada vez menos y me frustraba más. Algunas personas se ocupaban de ellas mismas -las egoístas- y se despreocupaban de mi. En más de una oportunidad me fui quedando sola, sin que nadie me hiciera las cosas y no me quedaba otra que hacerlas yo. El mundo ya no estaba pendiente de mi. Mis amigas jugaban entre ellas aunque yo faltara, y no me invitaban a jugar si yo no iba a la hora y al lugar adecuado.

Tuve que ocuparme de las cosas más básicas: lavarme los dientes, forrar mis cuadernos y mover mi cuerpo (accionar) para conseguir ciertas metas. Entre lamentos y protestas, empecé a tomar contacto con mi potencia: algunas cosas las podía hacer yo y otras no.

Muchos años han pasado desde entonces, y me doy cuenta de que puedo encontrar respuestas a las situaciones que me plantea la vida. Algunas de mis respuestas son muy efectivas y producen beneficios y satisfacciones. Otras veces, son equivocadas y produzco resultados nefastos o improductivos. Suele ocurrir también que me demoro cuando no se cómo actuar y busco distintas alternativas.
En todos los casos aprendo algo, corrijo anteriores conclusiones o descubro limitaciones propias.

Si observamos en las situaciones frustrantes pondremos una lente de aumento a las reacciones que tenemos:

-Nos ponemos en victimas. La reacción más inmadura es adjudicar toda la responsabilidad al entorno (país, pareja, padres, el otro, etc.) y sentirnos perjudicados y determinados por la situación.

-Nos convertimos en tiranos. Otra posibilidad es pedirle al otro que cambie para que no nos perjudique: que actúe diferente, que elija otra opción.

-Descubrimos nuestras respuestas. Comenzamos a ver qué estamos haciendo y lo aceptamos. Reconocemos nuestro comportamiento como víctimas o tiranos y nos damos cuenta de la dependencia que nos produce.

-Nos hacemos cargo de nuestra respuesta. Frente a cada situación que nos toca vivir, nos damos cuenta de las reacciones que se generan en nuestro interior, nuestros deseos y nuestros intereses, interactuando con nuestras posibilidades y el mundo que nos rodea.

De todas esas variables producimos una síntesis y nos arriesgamos en una respuesta: «Esto es lo que quiero hacer…», » Me quedo a luchar…», «Espero hasta que me sature…», etc.

Esta es nuestra RESPONSABILIDAD, nuestra capacidad de dar respuestas a las situaciones que nos tocan vivir. Nuestra posibilidad de protagonizar la propia vida, ya sea para sufrir o para disfrutar!

Entrenamiento Gestalt
Eduardo Caravelli.

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